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Sopa de letras

Posted on 07 Mayo 2009 by admin

“Cuando yo uso una palabra —dijo Humpty Dumpty, en tono despectivo—, esa palabra significa exactamente lo que yo decidí que signifique… Ni más ni menos.”

Lewis Carroll

Así funciona el lenguaje. Uno dice cosas, y otro escucha. De pronto, eso que los de Palo Alto llaman ruido. Un devenir de malos entendidos. Palabras que expresan expresiones inadecuadas ¡Incordie! El mal hábito de las mujeres. Las quiero, me gustan, son condición en mi vida, pero no pueden evitar el incordie. Ella habla. No deja de mover los labios. Mientras tanto, respira entre párrafos sin puntos. Entre oraciones interminables, asfixiantes. Entonces, el lenguaje entra en una guerra dialéctica. Hay nexos coordinantes que se baten a duelo con los adjetivos, grandes aliados del sustantivo. Luego, detrás del espejo, se vislumbra un nuevo universo: el mundo del revés. Los adjetivos se endurecen, toman forma. El rojo es sangre; el verde es mar, el azul marino, el agua es de viento. Y entonces, nacen los slangs, el lunfardo, el argentino. Un millón de nuevas posibilidades que mueren en los arcabuces de la armada española, que se rigen bajo las normas del General Rae y su ejército de vocales. ¡Puta está prohibida! ¡Como pudieron prohibir a Puta! Y encima… los aforismos, los oxímoron, los contradictio in terminis, las figuras lógicas, los miserables, los Quijotes, el ajedrez, los libros, Alicia. Pero hay más. Ella habla –sigue hablando–, pero tiene que ceder, como ceden los párrafos que caen del cielo. Habla tanto que no me basta un gerundio. Ella habla hablando, y eso sin contar el primer axioma. Yo evoco a lo preciso, a lo cabal. Trato de aniquilar la guerra de metáforas… con más metáforas. El lápiz escribe sólo, casi soy su consecuencia, casi soy su lápiz. Trato de reinventar formas pasadas, formas presentes. Trato de existir en una isla de sinónimos, de permanecer sin salva vidas en el medio del mar, que es verde, que es perfume. Lo intangible tiene lugar en mi cabeza, en mis sentidos. Puedo oler páginas, oler letras, sentir lo que escribo, llorar por un punto y coma.

Lo cabal presume, sugiere. Habla por mí. Dice lo que el Bobo, lo que los ojos, lo que el recuerdo. Soy un final abierto, con comas, con exclamaciones, con interrogantes, con secretos, con perdones, con preposiciones, con cruces. Punto.

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