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El Bosque

Posted on 01 Septiembre 2010 by admin

“¿Donde estamos?”, pregunté desde el suelo. En ese mismo momento mi hermano sacó el mapa de la mochila y respondió: “Perdidos”. Hubo un silencio prolongado –algo así como una reflexión sin salida–, y en ese mudismo sepulcral tomé contacto por primera vez con la naturaleza. Note el frío en cada rincón de mi cuerpo y entendí que la temperatura ascendía como un globo con helio. “¡Por ahora se aguanta!”, me dije. ¿Por ahora? El primer síntoma de paranoia afloraba en mi consciencia. La poca luz se apaga, es la hora de la tarde donde los felinos se levantan de la siesta. Los eucaliptos respiran arriba mío. El viento es tan fresco como brusco; tanto, que las hojas colapsan de un lado al otro formando un movimiento que se repite una y otra vez. El zigzagueo es un ritual, una vigilia: las ramas demandan a la Madre Tierra un poco de agua para saciar la sed, ¡sólo un poco! Me concentro un poco más, sin pensar en nada, y percibo un diálogo bidireccional. Una suerte de huelga de hambre simbiótica. Los árboles recibirán su paga a cambio de bailar para el cosmos. Así está pactado. Pero la tregua no me convence: “Prefiero el invierno de Vivaldi”, susurro como para comprobar que todavía tengo voz. Y tengo. Entonces, vuelvo a fijar los ojos en Joaquín. Está inquieto, alternando la mirada entre el horizonte y el mapa. Titubea. Si, titubea. El verbo es preciso. “¿Titubear implica tener miedo?”, me pregunto. No lo se, pero Joaquín –con seguridad– tiene miedo. Su capacidad para concentrarse en momentos de pánico es alarmante: “Joaquín supera cualquier tipo de obstáculos cuando más miedo tiene”, decreto. Es una relación directamente proporcional en términos matemáticos. Sabe que puede morir. O mejor dicho, piensa en la muerte como una posibilidad no lejana, posiblemente más intempestiva que nunca. No la toca, pero la escucha respirar como yo escucho a los eucaliptos; pero le es indiferente. En su silencio nervioso hay una lucha inquietante, la misma sensación instintiva que comparten todos los mamíferos: ¡quiere vivir! Aunque sólo el hombre tiene la capacidad para poner signos de exclamación en la supervivencia. Así funciona la pulsión de la muerte: querer vivir, en ciertos momentos, se resume en no querer morir.

Me puse de pie. Sentí como la sangre se distribuía por mis venas, desde la cabeza hacia abajo, pasando por los muslos hasta llegar a los ápices de mi cuerpo: los dedos. “Estoy mareado”, pensé, pero las piernas contaban con la fuerza suficiente como para mantenerme en pie. Conozco muy bien el umbral del desmayo: cuando los ojos se nublan y todo se torna negro, uno sólo pretende recuperar el equilibrio y la armonía. Pero la sensación de vértigo que nos acecha nos seduce. “¿Y si me dejo desmayar?”, digo mientras la dulce anestesia se torna peligrosa. El abismo y la pérdida de consciencia llegan a su límite… Levanto mis piernas para que la sangre recorra con agilidad las autopistas circulares que los biólogos bautizaron como venas –¡las calles del cuerpo atestadas por un tránsito rojo que oxigenan el organismo!–. Entonces, mis ojos recuperan el foco, y en ese instante descubro el anatema: con mi mano alcanzo a tocar mi frente y el ojo derecho. La miro. Está repleta de sangre oscura, casi negra. “Te pegaron con una piedra”, me recuerda Joaquín, y agrega bajando la voz: “se lo llevaron”.

¿A quien? No lo recuerdo.

El miedo se apodera de mi. La palabra escalofríos me convence. La noche está por venir. Y llega. De fondo, comienzan a escucharse voces…

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Sum

Posted on 03 Junio 2010 by admin

Un tipo anda suelto por mi casa. Por momentos noto que es mujer, usted también podrá notarlo. Nos mira por las ventanas. Sabe nuestros movimientos, nuestros horarios, nuestras rutinas de fin de semana y el libro que estamos leyendo. Conoce a mi perro y a Olga. Sabe donde compro los electrodomésticos, las pilas, los alfajores y los foquitos de luz. ¿Quién sabe donde compro los foquitos de luz?

“Me mira, me está mirando ¡Te juro que este hijo de puta me mira!”. Es así. Cada vez que atravieso la casa en dirección a la cocina siento que respira sobre mis hombros. ¿Entendés? Yo cierro los ojos –no estoy en condiciones de discutir con ningún ser invisible– y ese vientito de exalación me pega en las orejas. ¿Te imaginás? “Che flaco, me parece que tenés que dejar de romperme las bolas. No puede ser que cada vez que vaya de la cama al living sienta que me estás apuntando con una escopeta cargada. Además, te escondés atrás de la capa de Harry Potter”. No da, definitivamente no da. Yo quiero andar en calsones todo el día escuchando Mozart al taco, y ponerme una salida de baño, y ni siquiera bañarme. O si, no se. Bañarme tres horas, y dejar que el agua caiga, caiga, caiga, y que cada vez levante más temperatura. Ya se, no voy a salir más limpio por dormirme en la ducha, pero al menos el agua me hace masajes. Y vos no. Vos sos invisible. No te importa si estoy con ganas de comer sorrentinos o si quiero dar un paseo por la Meca –¡y no creo estar extrapolando, por más que las pastas y la meca sean conjuntos separados!–. Te las das de Gasper, pero no te comés la pelusa. Se pudre, la fruta se pudre si la dejás al aire libre. O sino preguntale a Pasteur, que la tenía clarísima. Un grosso.

Pero vuelvo al punto: me parece que no puedo pretender hablar con un ser que no existe, que no es sum. ¿Me entendés? Con Sum empieza todo. Y si uno no empieza, ¿cómo vas a hacer para terminar? Es como si la liebre perdiera contra la tortuga porque el camino es interminable. Entiendo que perder es humillante de todas formas, dada su condición de liebre. Liebre: animal no-racional y definitivamente, más veloz que una tortuga, firmado por la Real Academia. Ahora bien, ¿qué sucede cuando perdés porque no llegás? Te querés mátar. Con tilde en la á. Encima, ¿sabés lo feo que debe ser enterarte de esa noticia una vez que ya no sos más? Toda la vida yendo para adelante, mirando un horizonte que tiene colores, que está allá, lejísimos, pero allá. ¡Allá es un lugar! Y no. Te móris, y para colmo, te madrugan con que al final, no hay tal final. Caminaste toda una santa vida en una dirección equivocada. Ahora bien: ¿hay que caminar a un horizonte, a una meta, o simplemente caminar? Ya se, andar por andar es una gilada, pero el amor por andar es otra cosa. Y yo estoy enamorado del andar. Me gusta verme en los árboles, en las ramas, en la corteza, y en la sabia, si se quiere. Si, a pesar que deja las manos muy pegajosas. Me dan ganas, me seduce hasta lo incómodo. Porque para mí, ahí están todas las cosas. Es como los ataques de autoconciencia: entramos en un estado de coma y decimos lo que el cerebro. Sin más. La información más cruda de nuestra consciencia, lo que por alguna razón –dolor– queremos ocultar. Habría que tener esos ataques cuando nacemos…

¿Que pensás hacer con ese forceps? Yo salgo sólo o no salgo nada”. Pero en el fondo, sabés que tenés que salir. Enotonces, el Partero te mira con los reflejos de la siesta. “¿Qué hace un bebé recién nacido hablando?”. No lo culpo, los bebés recién nacidos no hablan. Pero dos minutos después descubre –por alguna razón que lo ilumina– que Sócrates es inmortal. Dejémonos de joder con Kant, por más genio que sea. Hay que enterrarlo de una vez por todas. No puede ser que en Alemania no crucen la calle cuando el semáforo esté en rojo. ¡No hay nadie Jürgen! ¡Cruzá, querés!

Pero no. Hay que respetar las normas. Hay que mantener el orden del universo y status quo. ¿No se dan cuenta que no puede haber caos sin el Agente 86? El árbol no hace ruido, porque nadie lo escucha muchachos. ¡Abramos los ojos, seamos un poco más prácticos! ¿O qué? Me vas a multar por cruzar en rojo un domingo a las 4 de la mañana sin ninguna persona a mi alrededor? Te das cuenta, nosotros mismos inventamos al Leviatán. ¡Lobo del hombre las pelotas! No es muy práctico ser un boludos todo el tiempo, nos hace más difícil dormir.

Mucha vuelta de tuerca me parece. Lo que quiero decir es que me gusta andar. Lo amo. Tiene un sentido más allá del traslado. Es mirar por ventanas y poder comer los pasteles de manzana. Es regar plantas ajenas y ver como crecen. ¿Qué sentido tiene una flor? Es linda, y ya. Y eso lo es todo. Ja, soy cliché, no puedo evitarlo. Pero me molesta que jodan con el envase. Compren el perfume y úsenlo. Sean árboles, cortezas, sabia. Si, ¡sean sabias a pesar del pegote! Son sabia, por lo tanto son.

Jst

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Algunas observaciones sobre los Furcios

Posted on 17 Mayo 2010 by admin

boxLa Biblia Corneta define a los Furcios como una “ruptura en las formas lógicas cotidianas”. “Un Furcio”, continúa, “sucede en un lugar y en un tiempo indeterminado por el hombre”. Por lo tanto, cabe resaltar que son fenómenos inmensurables e imprevistos. Al menos por ahora.

Un ejemplo: 1, 2, 3, 4, 5, corazón, 7, 8…

Si consideramos al Furcio como una forma ilógica dentro de un contexto lógico, ¿qué hace un corazón dentro de un sistema numeral? Claro, no hay Furcio sin lógica, pero tampoco hay lógica sin Furcio. Sin embargo, ningún ejemplo puede ser cabal, pues la indeterminación del fenómeno es una condición obligatoria.

Los Furcios suceden allá afuera, donde los seres-humanos llevan adelante sus vidas. Y tienen una cualidad por demás atractiva: conocen mejor que nadie el arte del mimetismo. Es decir, que saben esconderse frente a nuestros ojos sin que nuestros ojos puedan notarlos. Más aun: nuestros ojos están adiestrados para no-verlos. Pero, ¿cómo es posible?

Pensemos en la naturalización. Cuando las cosas son obvias o deductibles, las conclusiones tienen la misma fuerza. Los procesos mentales tienden a pensar las cosas de acuerdo a sus experiencias pasadas. Cuando obtenemos cierta información acerca de algo, como por ejemplo cuando alguien toca el portero eléctrico de una casa, nuestro cerebro completa naturalmente el futuro. Si el Hombre Casualidad golpea la puerta de mi casa y dice su nombre, detrás de esa puerta se encontrará el mismo Hombre Casualidad. Es lógico. Así completamos todos los rompecabezas, como si respiráramos. Nunca nos imaginamos a otra personas detrás del portero eléctrico, porque su voz ya nos dijo quien era.

Los Furcios tiene la voz de la lógica. ¡Astutos ellos! Son fenómenos que no cumplen con la cotidianeidad, pero nuestro cerebro nunca tendrá tiempo para probarlo. ¿Qué hace un horno en medio de una calle? ¿Porqué los carteles que indican el nombre de las calles duermen a mitad de cuadra? Las respuestas pueden ser lógicas, ¡aquí el anatema!

El Furcio posee -según nuestra manera de mirar el mundo- un pasado completamente lineal y con los criterios de los seres-humanos. Pero no lo tienen. Se esconden bajo esa capacidad. Saben que nuestra especie no admite esta ruptura. Son, por definición, indescubribles e infemostrables. ¡Con F! Pues funcionan como la Fe, pero a la inversa.

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Sobre los desodorantes

Posted on 17 Mayo 2010 by admin

Hay un momento en la vida del desodorante -así como el ser-humano también tiene sus tiempos-, en la que todo-ser-de-su-especie debe atravesar una etapa crítica. Es un momento de dudas, de indecisiones y de rebelión. Algo así como un tranco-inconcluso o una novela que nunca fue terminada. Sin embargo, a pesar que los gerontes educan a su nuevo linaje con dicha aclaración -la negación de la muerte, para los desodorantes más freudianos-, ningún individuo en la historia de su desodorantidad pudo recuperar la cordura de la infancia o los amores de primavera. (Este dato también fue avalado por la estadístical, escépticos hacerse a un lado). Todos y cada uno de ellos, cualquiera fuera el olor de su sangre, perecieron practicando la filosofía de la lucha griega ¡Nadie se rindió jamás! Todos fueron Teseos y Minotauros a la vez. Todos pelearon contra los seres-humano, sus reconocidos enemigos, hasta morir… A pesar de no tener manos, ni armas, ni mitologías. “Sólo son una fragancia efímera, única e irrepetible, como todos los habitantes de su especie”, los define un diccionario. Ahora bien, ¿eso es luchar-por-luchar? ¿Eso significa perder-el-juicio?

Lo curioso es, que esa etapa crítica sucede cuando menos energía tienen en su corazón. Es decir, que enfrentan la muerte cuando menos aire bombea la única arteria de su cuerpo. Entonces, ¿cómo pelear sin fuerzas? O bien, ¿porqué no haberlo hecho antes? ¿Porqué la lucha es tan tardía? ¿Porqué quedarse ciego de a poco?

El final es triste, como muchos dicen que es la muerte. Y cuando la vida del desodorante halláse finalizada –a pesar que el verbo morir no entiende de gerundios–, no todos los seres-humanos poseén hermanos menores –conocidos como los pentas1, que coleccionen los cadáveres de estos seres hediondos en cuestión: los fieles creadores del Coleccionismo de Objetos Triviales (C.O.T). En este caso, un laberinto de tubos de acero, sometidos a la forma geométrica más óptima del marketing, que fue ideado para combatir los desamores del viento. O mejor dicho, ¡para mal-criar a la nariz! Fríos, con ruidos de resquemor y con aires inoloros ya en el final de sus días. La vejez, que le llaman. Además, no tienen memoria alguna de aquel que bañó a su amo con las mejores intenciones. Y de a poco, van callando en silencio. Nos aturden para siempre, como la linea-horizontal-verde de los hospitales con su pitido homogeneo.

La mejor vida del desodorante es dañar la capa de ozono. Por lo tanto, son despreciados después de muertos y no tienen la posibilidad de defenderse. El derecho a réplica de los difuntos siempre es el mero recuerdo de lo que ya sucedió.

¡Blink! El Alzeimer fue inventado por el mejor escritor de ciencia ficción de todos los tiempos. ¡Mejor aún! Por una mente brillante que se burla de nosotros, que nos olvida, que nos piensa, que nos olvida, que nos piensa, que nos olvida y que nos olvida… como los hombres y los desodorantes ¿Porqué escribir sobre los desodorantes?

1Dísese de los hermanos menores que persuaden hábilmente a sus padres y siempre son consentidos por ellos. El concepto penta es más fácil de interpretarlo observando a uno más que leyendo su significado. Si, ¡abrir el paraguas!

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Psicodrama de abril

Posted on 12 Abril 2010 by admin

El silencio

No hay denuncias ni réplicas. No hay argumentos, ni razones, ni motivos. No hay árboles que hagan ruido en ningún bosque. No hay bosques, ni viento que sople, ni que grite, ni que llore. No hay agua, ni espuma, ni todo el mar, ni una parte. Las metáforas no tienen sangre. No hay trasplantes, ni pulmones, ni libros. Los ojos miran como estatuas. No existen las pestañas, ni las formas, ni los generosos escotes. Las montañas no van a Mahoma. Las letras envejecen como el Alzheimer, los números colapsan, las matemáticas renuncian a su exacta labor. El papel se disuelve, la tinta envenena a las plumas, los cisnes pierden sus alas. Nadie sabe como volar. Las sirenas fenecen, ¡extrañan su imperio irreal! Ulises despierta en el lecho de Circe: ha soñado una Odisea. ¡Penélope no espera! El Minotauro devora el valor de Teseo. Ariadna corta el hilo. La inmarcesible rosa ha muerto con el principito. Nadie oye la nada, ni el todo. El borracho nunca fue engañado por su eco. Umberto cree en Superman. Freud nunca existió. El inconsciente sonríe impoluto. Los pájaros son un vago recuerdo. Los zapatos son abandonados por la bomba atómica. Todo es silencio. La más sencilla y compleja nada.

La psicosis

La ausencia. La angustia. El vacío. La oquedad. El calambre de los amputados. El hijo que nunca conoció a su padre militar. La huída de la madre que lo parió. El exilio. El hambre. La traición. Las arañas. La oscuridad. El insomnio. Los asuntos pendientes. La piedra en la espalda. La lanza.

The drama

La mujer.

Juan sin Tierra

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Sobre el arte

Posted on 07 Abril 2010 by admin

“El arte es una invento del hombre, basada en una idea original de Dios”

Supongamos que Dios está-pensando. *(Los parámetros de Dios no hacen al asunto. Es decir, que al escribir, le doy a Dios la forma de un Hombre, acaso con barba, como la típica metáfora cliché que presupone experiencia o incluso algo fuera del tiempo. Entonces, la vejez, dicho sea de paso, pasa a ser un parámetro de tiempo. También lo bautizo: Dios, a partir de este escrito, se llamará Xul. Insisto, los parámetros, los nombres y los accidentes con los cuales caracterizamos al Ser-Creador son arbitrarios. Los elijo yo, por una simple cuestión estética o de azar).

Entonces, decíamos que Xul está pensando. Piensa, porque está aburrido: “¿Cómo puedo aniquilar esta abulia?”. Las preguntas le ayudan a acechar su problema. Acorrala al aburrimiento digamos: “¿Cómo puedo crear algo que elimine esta sensación de nada?”, insiste el superhombre de barba. “¿Cómo puedo, mejor aún, crear algo que cree por mí?”.

Los acontecimientos y las conclusiones las colocamos en una linea de tiempo: pasado, presente y futuro, para respetar los tiempos del ser-humano. *(“¿Quién inventó el tiempo?”. Nota para otro escrito). Entonces, ¡Xul se ilumina! El Blink, que le dicen. La fórmula perfecta. Un ser con la capacidad de unir dos variantes de planos diferentes, que a su vez, forman una nueva variante. Razón y Sentimiento.

Por un lado, una herramienta para mensurar el universo, para entenderlo de una manera criteriosa y coherente. Por el otro, la capacidad de llorar por el abandono. La capacidad de “no-entender” lo conocible. ¿Por qué llorar por la lluvia? Precisamente, por el pensamiento-sentido… la alquimia, la unión de las dos variantes que casi definen la extrapolación. Entonces, el Hombre le otorgó a la lluvia una categoría nueva. Algo que de por sí, o sea, en sí misma, no existía. ¡El denotar!

¡El arte es la nueva variante! Tan hermosa y perfecta, que Xul o Dios, suspiran ante ella. El arte es una creación del Hombre, basada en una idea original y perfecta de Dios.

Juan sin Tierra

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Sobre los opuestos

Posted on 07 Abril 2010 by admin

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–“¿Cómo te llamás?”, le pregunté a la mujer.

–“Soy Libertad”, me dijo.

El nombre que utilizó la mujer es sólo una metáfora y la metáfora es una manera visual de explicar la vida. Algo así como un ajedrez… complejo en todos sus rincones, en todos sus callejones. (Porque las calles no sólo dependen de las calles, sino de quien camina por ellas). Un cuchillo es violento sólo si lastima, pero podría ser la más leal de las herramientas si de sus raices naciera un cocinero. El nuevo significado que le otorga el ser-humano, puede deprimir al más valientes y altruista de los cuchillos.

¿No es eso muy cruel? ¿No son las etiquetas quienes violentan al mundo?

Los caballos son impredescibles, con variables acotadas, que se resumen en tres sílabas. Sin embargo, galopan por lo negro y lo blanco del camino. ¡Como Arthox!, que eligió morir en tierra. Los alfiles, los peones, las Reinas, las torres, ellos, nosotros, todos, caminamos en busca de la arena movediza con un sólo objetivo: Salvar al Rey. ¿Y por qué?

La vida es otra metáfora. Una que ningún ser humano quiere comprender: la muerte. Aquí nos encontramos con el primero de los opuestos de nuestra existencia: el ser o el no-ser. Ya he dicho que los opuestos son los espejos del hombre: el sentido común y la estupidez, la coherencia y la incoherencia, la histeria y la razón. Sin embargo, el hombre choca constantemente contra su imagen, contra su espejo. Ser-razonable, implica, no sólo la capacidad de pensar ordenando ideas y conceptos para llegar a una conclusión; antes bien, implica la capacidad de entender un Todo, un rompecabezas con cada una de las piezas en el lugar que corresponde. Ser blanco es, entonces, ser negro. (Aquellas personas que confunden los accidentes con juicios de valor incubados a priori, son seres irracionales, perversos y -con cierto nivel de optimismo antropológico- anacrónicos). Entonces, podriamos decir que en la libertad se encuetra la entera esclavitud, y viceverza. Decir sí, es poder decir no. Pero ¿cómo puede una mujer ser ambas cosas? ¿cómo puede un ser tan extraordinario obligarnos a comportarnos con los opuestos? La pregunta, como todo, guarda la respuesta. La mujer nació con alas, el hombre, sin ellas. ¡Somos opuestos!

Y nosotros, acaso en tableros más minuciosos -con formas de mundo-, queriendo preservar la humanidad masculina… La mujer es el río y la muerte. El Rey debe morir de una vez por todas.

Juan sin Tierra

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Elipsis

Posted on 09 Mayo 2009 by admin

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f. GRAM. Yuxtaposición de dos palabras, de una palabra y una frase o de dos frases, de idéntica categoría gramatical, en la que el segundo miembro desempeña una función explicativa o especificativa del primero

Las aposiciones son largas. Son frases que explican frases que necesitan ser explicadas. O no. Un laberinto dialéctico, con tranqueras que abren puertas, que abren constelaciones, que abren estrellas, que abren lunas, que abren ventanas, que abren posibilidades. Un sin fin de nexos coordinantes, que tienden a lo infinito. (Nótese que la suma de lo finito es igual a lo infinito). Pequeñas magias inútiles, pequeños universos que explican un Universo. No es la corteza del árbol, no es la raíz, no son las hojas ni la fotosíntesis. Es el árbol, un todo. Son detalles innecesarios. Son un color de uñas, no las uñas. No son las perras costumbres, son los perros que van al cielo. No es la tristeza ni las lágrimas, es Patán y Roger. Es el papel metálico del Bon o Bon y el método tácito de cómo comerlo. Es la sorpresa del Jack, la ternura de los sugus verdes claros. No es la semana de la dulzura, es la canción de Fito Paez. No es el pollo al champiñón, es la mano que lo prepara. No es el Hombre Misterioso, ni Enriqueta, ni Ulises, ni la Maga, ni los Buendía. Son las letras, las oraciones, los átomos del libro. No son las sirenas: es el silencio de Kafka. No es la levedad ni el ser, es Anna Karenina. Es un perfume en un determinado momento, en un determinado lugar. No es siempre Fahrenheit. Es dientes, es lengua, es saliva, es labios… esa sonrisa, no otra. Es el ser y el intercambio. Un tu. Un yo. Un nosotros. Es el sabor del café con un marrok. Son combinaciones perfectas: el ying y el yang, la alquimia, las mil y una noches, Ringo y John y Paul y George, los caballos, el hombre y su cámara. No son los abuelos, es Adios Nonino. No es Amadeus, es Salieri. No es la cama, es el sueño. El contexto hace al personaje. El personaje trasciende al contexto. No es una mujer, es la mujer. Y también una mujer, con nombre, con perfume, con hojas, con labios, con ser, con detalles innecesarios que explican pequeñas cosas. Todo.

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Sopa de letras

Posted on 07 Mayo 2009 by admin

“Cuando yo uso una palabra —dijo Humpty Dumpty, en tono despectivo—, esa palabra significa exactamente lo que yo decidí que signifique… Ni más ni menos.”

Lewis Carroll

Así funciona el lenguaje. Uno dice cosas, y otro escucha. De pronto, eso que los de Palo Alto llaman ruido. Un devenir de malos entendidos. Palabras que expresan expresiones inadecuadas ¡Incordie! El mal hábito de las mujeres. Las quiero, me gustan, son condición en mi vida, pero no pueden evitar el incordie. Ella habla. No deja de mover los labios. Mientras tanto, respira entre párrafos sin puntos. Entre oraciones interminables, asfixiantes. Entonces, el lenguaje entra en una guerra dialéctica. Hay nexos coordinantes que se baten a duelo con los adjetivos, grandes aliados del sustantivo. Luego, detrás del espejo, se vislumbra un nuevo universo: el mundo del revés. Los adjetivos se endurecen, toman forma. El rojo es sangre; el verde es mar, el azul marino, el agua es de viento. Y entonces, nacen los slangs, el lunfardo, el argentino. Un millón de nuevas posibilidades que mueren en los arcabuces de la armada española, que se rigen bajo las normas del General Rae y su ejército de vocales. ¡Puta está prohibida! ¡Como pudieron prohibir a Puta! Y encima… los aforismos, los oxímoron, los contradictio in terminis, las figuras lógicas, los miserables, los Quijotes, el ajedrez, los libros, Alicia. Pero hay más. Ella habla –sigue hablando–, pero tiene que ceder, como ceden los párrafos que caen del cielo. Habla tanto que no me basta un gerundio. Ella habla hablando, y eso sin contar el primer axioma. Yo evoco a lo preciso, a lo cabal. Trato de aniquilar la guerra de metáforas… con más metáforas. El lápiz escribe sólo, casi soy su consecuencia, casi soy su lápiz. Trato de reinventar formas pasadas, formas presentes. Trato de existir en una isla de sinónimos, de permanecer sin salva vidas en el medio del mar, que es verde, que es perfume. Lo intangible tiene lugar en mi cabeza, en mis sentidos. Puedo oler páginas, oler letras, sentir lo que escribo, llorar por un punto y coma.

Lo cabal presume, sugiere. Habla por mí. Dice lo que el Bobo, lo que los ojos, lo que el recuerdo. Soy un final abierto, con comas, con exclamaciones, con interrogantes, con secretos, con perdones, con preposiciones, con cruces. Punto.

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El día que Alfonsín respiró

Posted on 21 Abril 2009 by admin

Alfonsín

Un alma recorre Buenos Aires, el alma de la democracia.“¡Alfonsín, Alfonsín, Alfonsín, Alfonsín!”. El féretro del ex presidente llega al cementerio de Recoleta por la calle Guido. Su nombre se multiplica en el cielo con aplausos. Pero el cielo está gris, triste, funesto. Hay lágrimas de todas las edades: abuelas, hijas casadas, padres de familia, niños, adolescentes, divorciados. Un acopio de generaciones que entonan al unísono: “Raúl, querido, el pueblo está contigo”. No es broma. Son más de 70.000 testigos –y la cifra puede ser mayor–, que quieren despedir por última vez al redentor de la democracia. Don Raúl Ricardo Alfonsín ha muerto y sus restos descansarán en la bóveda de los caídos en la Revolución del Parque de 1890. Sin embargo, su legado será recordado por siempre, o al menos hasta que la memoria se equivoque. “Sigan a ideas, no sigan a hombres. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática”. QEPD.
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Callao se transforma en peatonal. Junín nunca vio tantas personas juntas. Plaza Francia tiene más concurrencia que el mejor de los domingos, pero no hay hippies, no hay ferias. Los árboles esperan de pie, mientras el público se ubica entre sus ramas. No hay estadios de fútbol, ni partidos, ni bandos, pero la hinchada de hace escuchar. “Cantamos por que estamos de luto, porque ha muerto un hombre de bien”, sentencia una señora en la multitud.
“Raúl fue la primera persona que voté en toda mi vida. Yo tenía 20 años, y a partir de ese día, nunca confié en nadie como en él. Como no voy a estar en su despedida”. Jonás Fernández (46) es empleado ferroviario y llegó en bicicleta desde Lomas de Zamora para homenajear al ex gobernante. “Para mí es un símbolo de la república, de la constitución y la honestidad. Nunca le afanó a nadie. Es el último político de raza, de los que piensan primero en el pueblo”.
Enrique Osvaldo Gauna (68) es más veterano. Está sentado hace más de dos horas en las primeras ramas de un paraíso, frente al cementerio. Es radical por herencia, de profesión abogado y lleva una boina cuadriculada en su cabeza. “Lo único que le reprocho a Alfonsín”, cuenta con sus grandes ojos celestes, “es haber abandonado el barco seis meses antes. Pero que podía hacer en esa época… si no se podía gobernar”, dice con tristeza. Pero agrega: “¿Vos sabés pibe hace cuanto tiempo que la gente no se reunía para despedir a una persona? ¡No es casualidad eh! Raúl era un hombre de miradas penetrantes, un hombre informado que podía salir a la calle sin custodios. Le hablaba a la gente a la cara, de frente”, confiesa y pierde la línea de la conversación. Se quiebra entre aplausos y gritos.
Maxi (10) y Facundo (8) son de otra generación. No saben de gobiernos de facto ni de militares, pero su madre les inculcó el sentido de la democracia desde su nacimiento. Mientras juegan en el mismo paraíso que Enrique –en otras ramas–, los hermanitos conjeturan acerca del acontecimiento. “Debe ser buenísimo Alfonsín, porque hay muchísima gente”, dice el mayor. El menor no se queda atrás: “Mamá dice que fue el mejor presidente del 1900”. Su madre los vigila del suelo. Maxi vuelve al ataque: “¿Sabías que mi abuelo fue ministro de salud cuando él era presidente?”, comenta y señala al féretro. “Se llama Pepe Astigueta, ¿lo conocés?”.
Eliana Vinitsky (40) interrumpe el diálogo. “Mi Papá también trabajó con él. Era el director de obras públicas del gobierno, por eso nos vinimos de Salta cuando asumió la presidencia”, les cuenta a los chicos desde otro piso del árbol. Ella es terapeuta corporal, y desde que llegó a Buenos Aires, allá por diciembre de 1983, defendió a ultranza los ideales del homenajeado. “Hoy estamos despidiendo a un hombre que cambió la historia de los argentinos, ni más ni menos. Ahora la tergiversación de los valores se está revalorizando”.
El cuerpo está al caer. Los aplausos se multiplican. Los helicópteros espían en lo más alto. Ahora, el árbol aloja a 19 personas. Entre las hojas, una mujer de origen peronista toma la palabra. Se llama Gloria Machado (42), es docente, estudiante de abogacía y admiradora del fallecido. “Cuando me recibí, Alfonsín hizo mucho por la educación. Nunca me faltó el trabajo. Además, siempre promocionó la defensa de los derechos humanos. Antes de asumir y después. Es una persona que incentiva a colaborar con la democracia”.
La admiración es interminable. Claudio Alegre (37) tiene un puesto de panchos en Plaza Francia. La ocasión es ideal para trabajar, pero a él no le importa. Según cuenta, a los doce solía tocar el redoblante para un comité Radical, pero asegura que sólo lo hacía por diversión. “Yo nunca tuve un partido político, pero soy consciente que le debemos la democracia a este hombre. Capaz por eso tocaba el redoblante”, admite entre troncos. Ricardo Rodríguez (59), oriundo de Tucumán, es más callado –o será que la pena lo enmudece–. Trabaja en la Capital como encargado hace más de veinte años. “Hoy lo volvería a votar”, sintetiza tímidamente.
El público llora, ríe, recuerda, grita, no olvida. Es que el alma de Raúl Alfonsín recorre Buenos Aires… nada menos que el alma de la eterna democracia.

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